Cáncer (México)

Sus síntomas comenzaron hace dos años mientras estaba de vacaciones con su familia. Manuel Sánchez Paniagua, de trece años, se sentía cada vez más cansado y tenía dolor de estómago. Sus padres creyeron que había contraído un virus estomacal en el viaje, por lo que llevaron a Manuel al hospital cuando regresaron a su hogar en México, D. F. Desafortunadamente, no era solo un virus estomacal.

 

Los médicos le informaron a la familia que Manuel tenía un tumor canceroso poco frecuente en el hígado llamado hepatoblastoma. Cuando estaban realizando una biopsia del tumor para confirmar el diagnóstico, accidentalmente los médicos provocaron una hemorragia interna grave, y Manuel terminó en la unidad de cuidados intensivos (UCI) durante una semana.

Una segunda opinión

Una vez recuperado de la biopsia, Manuel comenzó con quimioterapia para el tumor. Un mes después, cuando el tumor no se había reducido como se esperaba, los padres de Manuel decidieron que era el momento de buscar una segunda opinión, pero ¿de quién?

“En México, uno pregunta por el mejor hospital del mundo y la tía del amigo del primo del hermano lo sabe”, dice riendo el padre de Manuel, Héctor Sánchez Castillo. Por el consejo de la “tía del amigo del primo de su hermano”, Héctor llamó al Centro de Oncología y Enfermedades de la Sangre Dana-Farber/Boston Children’s y habló con el Dr. Carlos Rodríguez-Galindo. “El médico nos informó que el tumor no era el que creíamos, sino que era uno peor. Hay tumores malos y hay tumores muy malos. Este era uno de los muy malos”.

El Dr. Rodríguez-Galindo explicó a Héctor y a su esposa, Alejandra Paniagua, que su hijo tenía carcinoma hepatocelular, un tipo agresivo de cáncer de hígado que no responde bien a la quimioterapia. Y lo peor era que ya se había propagado hasta la vena cava inferior (VCI) de Manuel, una vena grande que lleva la sangre del cuerpo al corazón. Manuel debía someterse a una cirugía de inmediato. “Básicamente, perdimos un mes y medio”, dice la madre de Manuel. “Gracias a Dios que buscamos una segunda opinión y no perdimos más tiempo”.

Una cirugía muy complicada

A la semana de obtener una segunda opinión, la familia Sánchez empacó y dejó su hogar en México, D. F., para ir a Boston. El cirujano de Boston Children’s Hospital, el Dr. Heung Bae Kim, llevó a cabo una cirugía de 13 horas para extirpar el tumor de Manuel, “una de las cirugías más complicadas del hospital”, según el Dr. Rodríguez-Galindo.

Había más de 30 médicos clínicos en el quirófano, tanto de Dana-Farber/Boston Children’s como del Centro de Cardiología de Boston Children’s Hospital. “Un equipo cardíaco trabajaba en el pecho mientras que otro equipo trabajaba en el hígado”, explica la madre de Manuel.

El Dr. Rodríguez-Galindo mantuvo a la familia Sánchez informada durante la experiencia de Manuel. “El Dr. Rodríguez-Galindo es un médico excelente”, dice Héctor. “Sumamente empático”, agrega Alejandra, “lo cual es espectacular en esta situación en la que necesitamos empatía. Habla en español cuando estamos nosotros solos y en inglés cuando hay otros médicos cerca que no hablan español. Como padre, uno quiere entender todo sobre el estado de su hijo, por lo que los intérpretes del hospital son una bendición”.

 

Más tarde siguieron otras dos cirugías y tres sesiones de quimioterapia. En febrero de 2013, Manuel entró en remisión. La familia comenzó a retomar su vida normal en México; no más hoteles, no más tareas del hospital, no más arrollados de langosta. “Boston se ha convertido en nuestro segundo hogar”, dice Héctor. “Ahora somos fanáticos de los Red Sox, los Bruins, la sopa de almejas y la langosta. Cuando estamos en México, extrañamos los mariscos. Cuando estamos en Boston, extrañamos los tacos”.

De la remisión a la metástasis y de nuevo a la remisión

No han aparecido más tumores en el año desde la convulsión de septiembre pasado. En vez de eso, hubo días de escuela, amigos, un viaje épico a Alaska y están planeando otro viaje a las islas Galápagos. “Ahora tiene más apetito y más energía. Sigue recuperándose cada vez más”, dice Alejandra.

En septiembre de 2014, después de un año y siete meses en remisión, Manuel sufrió una convulsión y regresó a Boston con un diagnóstico que ningún padre quiere escuchar: el cáncer de Manuel había producido metástasis al cerebro. Más cirugías y más quimioterapia, y Manuel estaba de nuevo en remisión. Esta vez la familia espera que sea para siempre.

Manuel seguirá regresando a Dana-Farber/Boston Children’s durante cuatro años más para realizarse estudios por imágenes y verificar si hay tumores. Y todas las veces, toda la familia estará allí: Manuel, Héctor, Alejandra y la hermana de 17 años, Ximena.

“Debemos permanecer juntos”, dice Alejandra. “Este es un asunto familiar, no individual. Si sale bien, sale bien para todos nosotros. Si sale mal, sale mal para todos nosotros”. Héctor agrega, “Hay un dicho en México: a todos coludos o a todos rabones. Significa que estamos todos juntos en esto. O todos salimos de esto con nuestras colas intactas o todos nos vamos sin colas”.

Jenny Fernandez

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