Sueño

Padres, no sufran... ¿o cómo Oliver finalmente logró dormirse?

Oliver durmiendo

Oliver Grieb es hoy un adorable niño de 14 meses. Sin embargo, dos meses atrás, se rehusaba a dormir la siesta y se despertaba dos, tres y a veces hasta cuatro veces por noche.

“No presentaba problemas físicos”, afirma su madre, Svenja. “Tenía el mal hábito de despertarse y saber que papá y mamá irían hacia él”.

Oliver parecía estar pensando: “Si hago barullo un rato, terminaré saliéndome con la mía”.

¿Me están mirando?

El sueño puede parecer un problema menor, pero tiene gran impacto en la vida familiar. Oliver estaba malhumorado todo el día y sus padres, agotados.

“Tratábamos de dejarlo llorar”, afirma Svenja. “Lo íbamos a ver al menos cada 15 minutos, pero seguía llorando. Te parte el alma escucharlo llorar”.

Intentaron de todo.

“Si tomaba el biberón, dormía unas horas en mis brazos”, cuenta Svenja. “Probamos con una máquina de sonidos para conciliar el sueño, pero a los 45 minutos se apagaba, y eso lo perturbaba aún más. Se dormía con cualquier cosa, pero luego se despertaba y todo volvía a empezar”.

A la hora de la siesta pasaba lo mismo que a la noche. “Solo se dormía con el biberón y si yo me quedaba al lado de él mientras dormía”.

Estaba claro: los Grieb necesitaban ayuda.

El pediatra les dijo: “Los bebés no duermen. Ya se le va a pasar”.

Oliver visita el Centro del Sueño

“Los pediatras están ocupados”, explica Jennifer Gingrasfield, enfermera pediátrica especializada del Centro del Sueño en Boston Children’s Hospital. “Tienen que cubrir 20 temas en una cita de niño sano de 15 minutos. Muchos padres creen que tendrán que convivir con los problemas de sueño de su hijo, pero los problemas normalmente no desaparecen. Veo a muchos niños más grandes con los mismos patrones y hábitos que tenían cuando eran bebés”.

Los Grieb llevaron a Oliver a ver a Gingrasfield después de que cumpliera el año. Se reunieron y hablaron sobre los problemas del sueño.

Último Halloween de Oliver, cuando aún se despertaba de noche

“Trato de enseñarles a las familias acerca del sueño a nivel psicológico”, afirma Gingrasfield. “Entender cómo funciona el sueño ayuda con el consejo que doy. Trabajamos juntos en un plan personalizado detallado que se adapta a la situación y las preferencias de las familias, y se desarrolla según el ritmo adecuado de cada familia”.

Este fue el plan de sueño de Oliver:

1. Cronograma de sueño apropiado según la edad. Esto implicó llevar a Oliver a la cama más tarde (a las 8 en lugar de a las 7 p.m.), hacer siestas de no más de una hora y a veces despertarlo de la siesta, por más contrario a la intuición que eso sea. “Las siestas que hacíamos eran poco sistemáticas”, confiesa Svenja. “A veces eran dos veces al día, a veces una, a veces ninguna. No había un cronograma estricto”.
2. Dejar de alimentarlo por la noche gradualmente. “No teníamos idea de que después de los seis meses no debía tomar el biberón a la mitad de la noche. Fue lo primero que cortamos, y fue así como dejó de despertarse con los pañales húmedos”.
3. Rápida confortación por las noches. En lugar de pasar un largo rato con Oliver cuando se despertaba, los Grieb comenzaron a acortar esos momentos. “Entrábamos a la habitación, mirábamos el pañal, nos asegurábamos de que no tuviera frío, lo reconfortábamos y nos íbamos”, dice Svenja. “Íbamos cada cinco minutos, nos quedábamos 15 minutos como máximo hasta que lográbamos que se durmiera”.
4. Coherencia. Mantener un enfoque y un cronograma a rajatabla hizo toda la diferencia. “Muchos padres se obsesionan al tomar un consejo por aquí y otro por allá”, afirma Gingrasfield. “Abordar los problemas del sueño en el orden apropiado es una parte importante de cualquier plan”.

Los resultados sorprendieron a los Grieb.

Oliver GriebUn niño feliz

“En dos días, estaba durmiendo toda la noche”, afirma Svenja. “Pensé que ese día nunca llegaría”. Llevó un par de semanas mantener el cronograma de siestas de Oliver.

Ahora, ya sea a la noche o a la hora de la siesta, Oliver se relaja después de una rutina que incluye el cambio de pañales, escuchar música y “sumergirse” en la cuna. “Ahora es un muchachito feliz. Es el día y la noche...literalmente”, cuenta Svenja.

A Oliver le fue particularmente bien, ya que solo necesitó dos visitas al Centro del Sueño. La mayoría de los problemas del sueño en niños sanos pueden resolverse en entre dos y cuatro visitas, según Gingrasfield. Por lo general, ve a las familias con una frecuencia de entre tres y cinco semanas y entre visita y visita se pone a su disposición por vía telefónica.

En el Centro del Sueño se trata a niños de todas las edades, desde bebés hasta adultos jóvenes, y sus servicios por lo general están cubiertos por el seguro médico. “Ayudamos a los niños con problemas para conciliar el sueño, mantener el sueño y despertarse a horario para ir a la escuela, a niños sonámbulos o que tienen pesadillas en forma recurrente o padecen apnea obstructiva del sueño y muchos otros problemas relacionados con el sueño”, afirma Gingrasfield.

Powered By OneLink